Crows Zero
Takashi Miike 2008 Japón
Takashi Miike aborda la adaptación de un popular manga japonés en su película de mayor éxito comercial hasta la fecha.
Takashi Miike es un director cambiante, que tanto aborda proyectos de bajísimo presupuesto ("Zebraman") o se dedica a obras comerciales en el seno de la industria ("Llamada Perdida"). En todo caso, sea cual sea el proyecto, siempre deja su impronta personal, siendo sus obras fácilmente clasificables dentro de un discurso "autoral".
En Crows Zero, aborda la precuela de un popular manga japonés. Este, se encuentra centrado en las luchas de poder dentro de un instituto, el Suzuran, donde los estudiantes forman parte de bandas que se baten en duelo por el control de las diferentes clases y cursos. A este instituto llega Genji Takaya, hijo de un jefe Yakuza, con el objetivo de conseguir el control absoluto del centro, algo que nadie, ni siquiera su padre, ha conseguido nunca. Su mayor rival será Tamao Serizawa, que controlo la mayor parte de las clases. El choque entre los dos desatará una guerra hasta entonces nunca vista.
La aproximación de la historia, en cierta manera, es parecida a la que hacía "Brick". Si en esta se situaba en un instituto una trama de cine negro, en Crows Zero es la trama y los personajes de una típica película de artes marciales los que se ven trasplantados al microcosmos adolescente. Por supuesto, Miike usa una estética especialmente de "dibujos animados", aproximación muy adecuada dado el origen de la historia. Las batallas se suceden en medio de mucha sangre, golpes imposibles y más de un tortazo "slapstick".
Pero a pesar de este acercamiento en principio tan frívolo, la obra sorprende por transmitirnos el mismo tipo de pesar que los bandidos y grandes guerreros arrastran, cuando su destino es luchar sin parar pero sin tener un objetivo claro delante. En esos momentos, donde se habla de honor, traición y coraje, es cuando se dan los mejores momentos del film.
Una obra, por tanto, enteramente recomendable, tanto para fans como neófitos de la obra de Miike.
Jordi Montornés

