The Red Hours

John Fallon 2008 Canadá

John Fallon, actor canadiense de culto, realiza su ópera prima en la dirección con este sorprendente cortometrajer en clave surrealista.

Pude ver “The Red Hours ” (2008) en el último Festival de Sitges antes del pase de “Eden Lake ” (2008) y cuando esta corta pero intensa película acabó, tuve la misma sensación que parte de la audiencia. Me había impactado. No por la violencia, el sexo o cualquier elemento habitual en un corto de terror. Estaba impactado por el veloz viaje de muerte que “The Red Hours ” es. En solo diez pero valientes minutos. Esto fue una gran virtud para la gente a la que gustó la película y un problema para sus detractores. El corto solo dura diez minutos pero parece que sean tres. Aun así, John Fallon, el director, afortunadamente no monta 100 planos seguidos de manera frenética para conseguir esa sensación sino que lo logra mediante una sutil trama y una gran dirección donde el contenido y la forma trabajan juntos al servicio del corto.

El corto empieza cuando el personaje principal, Mark, (interpretado por Deke Richards, un actor habitual en los trabajos de Fallon que ofrece aquí una interpretación muy diferente a sus trabajos anteriores interpretando a una persona normal involucrada en una situación extraordinaria. Un gran trabajo por su parte.), un joven que parece tener problemas con su novia (Natasha) entra en el lavabo de una discoteca y toma una pastilla tras escupir a su propia imagen en el espejo (una poderosa imagen de auto desprecio). A partir de ese momento el rechazo de la propia imagen se convierte en el rechazo de la realidad y las cosas se vuelven complicadas para una gran parte del público y fascinantes para otros. Fallon cita a Lewis Carroll y Mark atraviesa el espejo. La película pasa al blanco y negro y el joven despierta en una casa donde dos lesbianas psicópatas (una de ellas Natasha) intentan matarle. De repente estamos en una situación de puro terror y lo que sigue es una gran secuencia de acción / slasher. Tras esto volvemos a la realidad; Mark despierta en el lavabo de la disco y va a hablar con Natasha a la cual mata con un beso tan largo como el de “Encadenados ” (Notorious, 1946).  Eso es todo. O casi.

Esta surrealista pieza habla sobre la imposibilidad de una relación normal entre hombre y mujeres en la sociedad moderna. También sobre el ancestral miedo a la castración (ya sea literal o metafórica) en los hombres. De ahí que las dos asesinas sean lesbianas y que Fallon introduzca varios planos cortos de Natasha besándose con otra chica en el segmento de realidad. Toda la alucinación gira entorno a un hombre que se odia a si mismo por estar perdiendo su masculinidad al entregársela a la persona que ama. Se odia a si mismo porque ella ya no está con él. Ese es el motivo por el cual tiene que matarla al final en un intento desesperado de recuperar su hombría. Lo que puede sonar a una simple fantasía misógina esconde en su interior una romántica historia de amor.

Antes de que empezase la película el director aviso que la proyección que veríamos no era todavía la definitiva, por lo que no tendré en cuenta algunos defectos técnicos como alguna corrección de color y algunos cortes no pulidos del todo. Aun sí tengo que reconocer que me sorprendió gratamente que a pesar de ser más conocido como escritor Fallon no narra su historia a través de la palabra sino de las imágenes. Incluso tiene alguna osadía técnica a la manera de Tony Scott como poner subtítulos en el interior de la discoteca debido a que el ruido de la música no debería dejarnos oír los diálogos. También usa un surrealismo quizás heredado de Buñuel o Lynch al insertar en la parte final unos planos en movimiento de un cementerio cuando el chico mata a la chica. Por eso mismo  podría decirse que la película es un viaje de muerte. Digo podría ya que al tratarse de una película que utiliza imágenes oníricas y surrealistas nunca podemos estar seguros de su interpretación. Lo que me recuerda el tema principal de la película. Muchos críticos quieren que las películas de terror sean malas y las de autor aburridas. Cuando aparece alguien que realiza una película de terror con toques de cine de autor lo matan. Lo mismo que hacen los hombres y las mujeres entre ellos.