Max Payne
John Moore 2008 EEUU
John Moore es el encargado de llevar a la gran pantalla la enésima adaptación de un videojuego, en este caso el shooter homónimo "Max Payne".
Mark Wahlberg, que afirma haber obtenido el mejor papel de su carrera,
se pone en la piel del policía que busca venganza tras el asesinato de
su mujer y su hija. Le acompañan los televisivos Mila Kunis, Beau
Bridges, Kate Burton, Jamie Hector, Donal Logue, y Amaury Nolasco,
además de Olga Kurylenko y Chris O Donnell.
Muy mal deben de
andar las cosas en la industria cinematográfica si el espectador debe
verse obligado a tragar cintas como la que la 20th Century Fox nos
brinda. El inefable Moore compone la que con toda probabilidad es una
de las propuestas más flojas del 2008, unos cien minutos largos de
tedioso entramado policíaco (por decir algo) en los que no hay
absolutamente nada que merezca rescatarse.
Podría definirse este desafortunado intento de sleeper como la película de las incógnitas.
Vaya usted a saber por qué, Beau Thorne descarta la más que atractiva
trama de la fuente original, una negra historia de venganza, tal vez
tan predecible como la de su adaptación cinematográfica pero al menos
mucho más coherente, explotable y lo que es más importante, cargada de
acción y tiroteos a cámara lenta (motor del juego, y tema a analizar
más adelante). No, en lugar de eso, el guionista (debutante, por
cierto), opta por tomar tal argumento únicamente como punto de partida,
perdiéndose rápidamente en un manido, previsible y risible juego de
cazadores cazados, malotes de poca monta, y adictos a drogas chungas
causantes de las alucinaciones más extravagantes.
Así, el film se
convierte en una suerte de investigación por parte del protagonista,
que empeñado en buscar al último de los asesinos d mujer, acaba por
descubrir una red de tráfico de drogas que, ay, hacen ver ángeles
teñidos de negro a quienes las toman, otorgando a alguno de ellos una
fuerza sobrehumana... Descubre que te descubre, no tardará en tener a
toda la policía de Nueva York en su contra, así como a una empresa
millonaria distribuidora del virus...digo droga.
Vaya usted a
saber por qué, resulta que hoy en día, si se quiere adaptar un
videojuego, o se quiere hacer una película de acción en plan "Matrix",
se tiene que criticar a las grandes multinacionales acusándolas de su
manipulación y demás (y ojo, que no estoy diciendo que no comparta el
mensaje). Lejos de lograr su objetivo aleccionador, lo que ésto provoca
es convertir
el film en un sucedáneo (o fotocopia, directamente) de
"Resindent Evil" y similares, cambiando el sexo del protagonista, el
nombre del enemigo, y zombies por visiones infernales.
Todo ello a nivel argumental.
En el plano visual la cosa es, si cabe, aún más desconcertante. Vaya
usted a saber por qué (¿a que se va cogiendo aquéllo de película de las
incógnitas?), el film es casi un remake de "Constantine". Tanto la
paleta de colores empleada como las caracterizaciones de esos espectros
mortales como la propia aparición de los mismos no es más que un calco
de las ideas que Francis Lawrence incorporó en su reivindicable film.
Y lo peor de todo es que nada de ésto tiene razón de ser. Y es que la
gracia del videojuego era su abierta voluntad de exploit tanto de "El
Ceurvo" (por su trama, claro está) como de la multimillonaria saga de
los hermanos Wachowski, hasta el punto de tener la posibilidad de
activar mediante un botón específico una ralentización del tiempo ideal
para esquivar las balas (pudiendo ver su trayectoria debido a la ya
mítica estela acuosa empleada en la trilogía de Neo, Morpheo y
compañía).
En lo que debería haber sido, por tanto, una película de
tiroteos a cámara lenta, a saber por qué no aparece un solo disparo (en
condiciones) hasta bien entrada la película, y en esas tres o cuatro
(como mucho) escenas de acción, solo aparecen ralentizaciones hacia el
final de las mismas, logrando el curioso efecto de desesperar aún más a
un espectador deseoso de poder irse a casa de una vez.
Siguiendo con el carrusel de preguntas sin respuesta, no acaba de
explicarse la elección de Wahlberg (tan pésimo como casi siempre) como
protagonista absoluto del film, actor que no sólo se ha quedado sin una
pizca de tirón comercial, sino que además podía haber sido fácilmente
substituido por David Boreanaz o Carlos Bernard, actores ("Angel" y
"24" respectivamente) mucho más parecidos a la caracterización del Max
Payne del videojuego, y mucho más acordes con el televisivo reparto del
film.
De hecho, si puede destacarse algún momento del film,
éste se encuentra sin duda en sus primeros minutos, en los que una a
una van pululando las caras de la larga lista de secundarios,
convirtiendo ese metraje en un juego de adivinar lo antes posible a qué
serie pertenece cada uno de ellos.
Justamente este concurso (al que
animo a participar a todos los que estén dispuestos a tirar su dinero
-o espacio en el disco- en el film) es lo único que los salva, pues sus
personajes se antojan tan esquemáticos, ridículos, y/o desaprovechados
como sus desganadas interpretaciones.
Por cierto, ¿qué pinta Olga
Kurylenko en todo ésto? ¿De qué sirve el teórico némesis de Payne,
interpretado por un Amaury Nolasco tatuado como Michael Scofield y tan
guiñolesco como T-Bag?
Vamos, que en resumidas cuentas, la
añeja historia de venganza del "Max Payne" videojuego se ha convertido
en una pasadísima y antiquísima historieta de corporaciones malignas y
moralina ridícula en el "Max Payne" fílmico.
Un despropósito
artístico y técnico que encima resulta aburrido a matar, que deja con
una única incógnita una vez acabada su visión: ¿por qué demonios he
peridido así dos horas de mi vida?
Evitar a toda costa; llega
a desprestigiar y de qué manera una saga de juegos (sí, sí, saga, por
lo que no me vengan con que no había jugo argumental) excelentes y la
mar de divertidos.
Carlos Giacomelli

