El Abogado del Terror
Barbet Schroeder 2007 Francia
Documental provocativo e inquietante sobre la figura de Jacques Vergès, abogado revolucionario, agitador e intelectual, criticado por su defensa persistente de aquellos que parecen ser indefendibles.
¿Quién es Jacques Vergès? ¿Conciencia moral o sombra oscura?
¿Un
manipulador, auto promotor sin escrúpulos, explotador amoral de
miserias como los críticos proclaman, o un defensor sensible, empático
de la dignidad humana, incluso cuando el derecho a la dignidad es
reclamado por los individuos que lo han negado a sus víctimas?
Esta película dirigida por Barbet Schroeder, ya habituado a tratar temas incómodos y cuyas películas como El general Idi Amin Dada y Barfly han llevado al público a sitios tan oscuros que la mayoría hubieran preferido evitar, nos propone un juego de muñecas rusas en torno al tema del terrorismo.
Así
pues, en una lectura superficial se nos documenta la vida y "milagros"
de Jacques Vergès, quien ha representado durante más de cincuenta años
una puerta de entrada hacia algunas de las figuras más famosas de la
época posterior a la 2 ª Guerra Mundial, como Pol Pot, Mao Tse Tung,
Slobodan Milosevic, Saddam Hussein, Carlos el Chacal o Klaus Barbi,
aunque paradójicamente (y a excepción de Carlos) estos personajes son
muy poco referenciados durante el metraje y acostumbran a salir desde
un prisma más sensacionalista que discursivo. Al director le interesa
mucho más hablar sobre el anticolonialismo que siempre ha defendido
Vergès y es por ello que todo lo mostrado durante los 135 minutos de
duración de este documental guarda relación con esta temática.
En una segunda lectura, Schroeder aprovecha la trayectoria
profesional de Vergès para hacer una reconstrucción de la génesis del
actual movimiento de liberación islámico, movimiento anticolonialista
fundamentado a su vez en el antisionismo, si bien el director pasa de
puntillas por ese subtema y se centra en la historia colonial de
Francia como claro ejemplo del fascismo al mejor estilo europeo.
Schroeder/Vergès nos obligan a preguntarnos el motivo por el que un
grupo de individuos decide poner bombas en nuestro territorio, pero lo
hacen desde un prisma humanístico y no didáctico, consiguiendo una
mayor cercanía con estos personajes
y por tanto posibilitando que el espectador se forme su propia
impresión, si bien el documental no es nada imparcial a la hora de
elegir los entrevistados o hablar sobre los temas.
En una tercera lectura, este documental constituye una efectiva apologia del terrorismo -o movimiento de liberación- y su provechosa institucionalización, adoptando Schroeder como demiurgo cinematográfico la postura que Vergès asume como demiurgo letrado, es decir, la utilización mediática y legal del terror causado por otros para no solo consagrar los fines de esos actos (y por tanto añadir una nueva máquina de propaganda revolucionaria) sino también para utilizarlos como reclamo en lo que luego será un discurso personal y no siempre cercano a los intereses del "representado".
En este tercer aspecto, Schroeder utiliza el reclamo de Verges (que a su vez utilizó el reclamo de Milosevic, Carlos o Djamila Bouhired entre otros) para imitar lo que el propio Vergès hizo en el juicio de Klaus Barbi: utilizar al "representado" desde la excusa de la supuesta objetividad para construir un discurso subjetivo de claros intereses propagandísticos, ajenos en mayor o menor medida al discurso del defendido. Es por ello que el espectador sale del documental sin saber de Vergès mucho más de lo que podria interpretar leyendo la sinopsis e incluso echará en falta la no comparecencia (o casi inexistencia) de muchas caras conocidas presentes en cualquier biografia de este abogado (e incluso en el cartel de esta obra), además de la poca presencia de discurso sobre comunismo teniendo en cuenta que Vergès se autodenomina Maoísta. A Schroeder solo le interesa hablar sobre el pasado oscuro de Francia (por extensión sobre la tradición imperialista europea) y demostrar que los términos "terrorista" y "héroe" se pueden utilizar indistintamente y solo dependen de la opinión pública que juzga su utilización en cada caso, remitiéndonos constantemente (y de manera indirecta) a la situación actual en oriente y a la llamada Guerra Contra el Terror.
"¿Qué nos da el derecho -pregunta Vergès- a juzgar a gente como Klaus Barbie, cuando nosotros en conjunto, como una sociedad o una nación, somos culpables de crímenes similares?". En este sentido, Vergès ha declarado en muchas ocasiones que el terrorismo es una actividad absolutamente justificable bajo circunstancias concretas, defendiendo que "un país que usa aviones y bombas con objetivos políticos no es moralmente mejor que un grupo que no puede permitírselos, y por tanto secuestra aviones para convertirlos en bombas".
En resumen, "El Abogado del Terror" es un documental conscientemente sesgado e incluso confuso en lo que a biopic sobre Vergès se refiere, pero que construye un discurso tremendamente necesario (aunque no novedoso) en unos tiempos en los que la sociedad occidental se refugia en lo políticamente correcto para excusarse de no responder ciertas preguntas que atentan contra su propia moral. En el apartado técnico poco hay que destacar y más bien apuntaría la sensacionalista utilización de la música y un cierto caos presente en la puesta en escena y montaje.
Javier Rueda
