Déjame Entrar

Tomas Alfredson 2008 Suecia

El vampirismo nunca dja de estar de moda y el éxito de crítica de esta película lo demuestra.

Ganadora del Méliès de Oro a la mejor película europea en el pasado festival de Sitges (e incomprensiblemente ninguneada en los premios de Competición Oficial), "Låt Den Rätte Komma In" ha sido la mejor película del mismo, y no sólo eso, sino que también se convierte con toda probabilidad en una de las mejores cintas de temática fantástica (englóbese en dicho término todo lo referente a lo sobrenatural, la ciencia-ficción, el vampirismo y/o el terror) que han deambulado o deambularán por las pantallas en los próximos meses, pues Karma Films promete estrenarla a lo largo del próximo 2009 bajo el título de "Déjame Entrar".

Oskar es un chico de 12 años que sufre continuamente el acoso de sus compañeros de clase más fuertes. Su deseo de tener un amigo parece hacerse realidad cuando conoce a Eli, una niña de su misma edad que acaba de mudarse a la casa de al lado. Pero Eli es una chica misteriosa: es muy seria, está muy pálida, sólo sale por las noches y aparentemente no le afectan las temperaturas heladas. A todo ello, se le suma una serie de desapariciones y asesinatos inexplicables que coinciden con la llegada al barrio de la niña...

Dirigida por Tomas Alfredson y escrita por John Ajvide Lindqvist, "Déjame Entrar" es una pequeña joya sueca que esconde en sus entrañas un sinfín de segundas lecturas capaces de otorgar a cada espectador un sabor de boca intenso y sobretodo exclusivo.
No se trata tanto del argumento en sí, más bien simplón y sin demasiada novedad en lo que al género chupóptero se refiere, sino de cómo es tratado tanto por dentro como por fuera.
Alejado de las grandilocuencias y salvajadas con las que generalmente es retratada la mítica (y prolífica) imagen del vampiro, Alfredson opta por un discurso sosegado y de evolución paulatina, que adereza con una cámara sencilla y humilde, aunque no por ello menos espectacular a la hora de mostrar la cotidianidad que se respira en todo momento.
De este modo, sumerge al espectador en la gélida localización sueca donde se desarrolla el argumento (brillantemente oscura y mortecina, perennemente nevada), sin restarle un solo ápice de protagonismo al mismo, más bien realzándolo.

En semejante marco va madurando el verdadero leitmotiv del film, la relación entre los dos infantes asombrosamente interpretados por Kåre Hedebrant y Lina Leandersson.
Relatado con sumo cuidado y sutileza, el vínculo que surge entre los protagonistas va evolucionando paulatinamente y con toda la naturalidad e inocencia que corresponde a sus edades.
Para narrar dicho acrecentamiento, Alfredson se coloca a la altura de los niños, y destila cada pasito conjunto que dan con la misma inseguridad y emoción que ellos, deseoso de probar el caramelo pero timorato de echarlo a perder por precipitarse a la hora de desenvolverlo.
El palpamiento y la plasticidad de las sensaciones de los niños son tan intensos que en más de una ocasión el espectador se olvida de la condición de no-muerte de Eli, viviendo un intenso drama sentimental que poco o nada tiene que ver con lo increíble. Y cuando es el propio film el que nos recuerda la naturaleza de la niña, no podemos evitar sentir compunción por ella, entendiendo sus necesidades y compartiendo su particular via crucis, de igual modo que vivimos en nuestras carnes la tortura diaria a la que Oskar se ve sometido, de manera tan cruel e injusta y haciendo que nos replanteemos quién es el verdadero animal entre los personajes del film.

Como puede apreciarse, todo ello deja muy poco margen al género de terror con el que generalmente se asocia el mito de Drácula, pero no por ello las escasas pinceladas del mismo resultan menos sorprendentes. En un cambio de registro espontáneo más que logrado, Alfredson logra helar la sangre en los escasos minutos en los que se lo propone, componiendo una serie de secuencias tan elegantes como impactantes.

En resumidas cuentas, "Let the Right One In" es una película imprescindible, una obra maestra que relanza toda la fuerza de un personaje mítico venido a menos en los últimos tiempos, ubicándolo donde menos cabía esperar y sirviéndose de su maldición para componer un argumento potente y sobrecogedora. Yendo mucho más allá de la simple historia de vampiros, Alfredson dirige un canto a la infancia, a su inocencia y a su explosiva sinceridad; una oda a la amistad que rompe todas las barreras posibles en pros de la búsqueda de la felicidad, por muy escondida que esté, pues el amor nunca es imposible, y si verdadero no entiende de impedimentos.
Arrebatadora y emocionante, una obra maestra de nuestros tiempos y una película de culto desde ya.

Por Carlos Giacomelli