Recta final en el Festival Internacional de Gijón

David Brion 27 November 2008

Continua leyendo todo lo que acontece estos días en Gijón. Este artículo recorre lo que llevamos de semana y nos deja a la espera de saber mañana el palmarés oficial.

Lunes 24, día 4 en Gijón: "Y por fin, Lucrecia"

Si ayer señalaba la coincidencia de los estrenos en Sección Oficial de dos películas con varios puntos comunes, lo cierto es que los de este lunes guardan también una cierta conexión, establecidos esta vez por la muerte como punto de partida de la historia a nacer. Bueno, no es cierto del todo, en realidad, en tanto en cuanto una de ellas no tenía en el día de hoy su estreno oficial en el festival (que fue el pasado Sábado), pero tras la incompatibilidad con otras cintas que supuso la imposibibilidad de acudir a dicho pase para el que les habla, tuvo que esperar a mejor ocasión, que, por fin, llegó hoy, precisamente el día que llegamos al ecuador del festival, y por fin, al momento de degustar la nueva película de Lucrecia Martel, directora homenajeada con un ciclo retrospectivo en el festival, un ciclo que resultó una alegría extra para un servidor (sobretodo tras saber que supondría su aterrizaje en Gijón), que tiene a Martel por una de las más interesantes cineastas del momento tras sus dos primeras películas (y que se confirma en esta tercera).

En las primeras escenas de "La mujer sin cabeza" (que se estrenará el próximo Viernes 28 en España bajo el título "La mujer rubia", por problemas técnicos, según expresó la propia Lucrecia -"estaba cogido"- en la rueda de prensa) podemos ver a dos niños y un perro jugar en una solitaria carretera. Minutos después, una mujer teñida de rubio, Vero, coge su coche para volver a casa. Cuando la vemos llegar a esa misma carretera, vemos como la mujer choca contra algo cuando se dispone a coger el móvil para hacer una llamada. No sabemos contra qué, a ciencia cierta, pues su directora no nos lo permite, solo vemos el plano de perfil de Vero, en estado de shock, volviendo a posar sus manos sobre el volante y comenzar una huída hacia delante con terribles circunstancias. En los días posteriores, la mujer de la escena pierde por completo cualquier contacto con la realidad. Como una autómata permanente, ya no responde ni a los impulsos más naturales. Con el tiempo Vero se convence de que atropelló a un chico. Cuando se decide a comunicárselo a sus allegados, la reacción no es de reproche ni preocupación, sino que, exclusivamente, se limitan a tranquilizarle, pero también a encubrirle por encima de todo y evitar que la historia se pueda llegar a hacer pública. Solo después de que su marido le acompañe al lugar del siniestro, donde ven un perro en la calzada, Vero comienza, poco a poco, a recuperar el control de su vida. Por supuesto, la historia no termina aquí, pero es probable que ya haya contado incluso demasiado. Con esta introspectiva historia Lucrecia Martel vuelve a darnos muestra de su magnífico pulso tras la cámara con las propuestas que siempre ha habido en su cine, que una vez más propone más preguntas que respuestas da (empezando por; ¿atropella Vero a un niño o a un perro?), una magnífica capacidad para sugerir sin necesidad de mostrar, y una carga simbólica importante en determinados momentos (el color del pelo, que da título español al film, por ejemplo) que no oculta una cierta denuncia de la realidad política y social.

Pero, aunque no tan esperadas (y siendo sinceros, tampoco tan acertadas) como la última cinta de Lucrecia Martel, hubo dos estrenos más el día de hoy, que se saldaron además sin la sensación de haber visto la película del festival pero, no obstante, con un buen sabor de boca general. Y como comentábamos al principio, con algunas particularidades en cierta conexión. Así, el tema central de "Afterschool" no es otro que las consecuencias y devenires provocados por una muerte trágica. En esta ocasión, la cinta nos lleva al interior de un lujoso internado, donde las dos alumnas (gemelas) más populares del instituto mueren de sobredosis. Al contrario que en la cinta antes mostrada, el suceso no se puede tapar ni ocultar (todo lo contrario, es grabado, incluso desde varios ángulos, y colgado en Youtube), y no tardará en trastocar por completo la vida del todo el centro, que observamos a través de un joven al que se encarga la creación de un video conmemorativo. A raíz de él y su grabación, el neoyorquino Antonio Campos nos muestra la verdadera cara del lujoso internado, un lugar siniestro, tan oscuro en su interior como bello en su fachada, como, paradójicamente, luminosa la fotografía de la cinta. Pese al macabro suceso, son las situaciones normales, de la propia adolescencia los verdaderos protagonistas, intercalandose y masificándose con el terremoto que provoca el acontecimiento, conducido paralelamente por videos propios de Youtube y grabaciones de móviles y de la propia grabación del video homenaje. Campos hace del realismo su principal valor en una cinta dura, pese a su onírico estilo, a su claridad visual, y a la canción de cuna que (de un modo casi irónico) cierra la cinta, ésta resulta una de las más lúgubres cintas que hayamos visto últimamente en el marco de un high-school.

Y por último, también en "9mm", del belga Taylan Barman ("lamento decepcionaros -decía en la presentación de su cinta- pero esta no es la secuela de la película de Nicholas Cage"), la historia comienza con un suceso... ¿mortal?. En realidad, imposible de decir (aunque no complicado de intuír), por que tampoco aquí llegamos a ver en esa primera escena ni qué (más allá, claro, de la propia pistola de 9mm que da título a la cinta) ni tampoco quien provoca ese seco y único disparo, que el espectador observa desde fuera de la casa, viendo tan solo una puerta cerrada. Pero al contrario que en las dos cintas precedentes, lo que busca no es analizar las consecuencias provocadas en los días posteriores, sino las motivaciones, a través de las 24 horas precedentes en la vida de los tres miembros de la familia rota, tomando la caída en picado que el padre sufre desde que perdió el trabajo como hilo conductor de toda la cinta. Y para contarlo, Barman apuesta por tomar distancia con sus personajes, a través de una dirección seca, fría, y de una narración constantemente entrecortada (o entrecruzada, mejor dicho), tanto espacial como temporalmente, con varias escenas rodadas desde diferentes puntos de vista que acentúan la ruptura de la linealidad recordando a la estructura narrativa utilizada, por ejemplo, por el Gus Van Sant de "Elephant".

Martes 25, día 5 en Gijón: "En tránsito"

Si ayer era Lucrecia Martel la que destacaba por encima de todos los demás estrenos del festival, hoy volvía corresponder a otro cineasta argentino, Lisandro Alonso, poder decir lo mismo. Compañeros, no sólo de patria, sino también de generación, ellos son los abanderados de lo que han dado en llamar (recalco la tercera persona pues a título personal me resulta muy cuestionablemente, cuando las diferencias en su obra son más visibles que sus similitudes en realidad) "Nuevo Cine Argentino", que como decíamos días atrás, estaba bien representado aquí, en Gijón. Y lo son por ser los primeros en aparecer, sí, pero también por que, indudablemente, son los que más talento poseen, habiendo sido capaces, ambos, de consolidar un nombre con tan solo 3 y 4 largometrajes rodados y menos de 35 años.

En el caso de Lisandro Alonso, presentaba ayer en el festival (que le dedicaba un ciclo hace tan solo 2 años), entre una gran expectación, su cuarto proyecto, "Liverpool", directamente llegado desde la Quincena de realizadores de Cannes. De nuevo una historia pequeña, rodada con exquisita sofisticación técnica, un estilo desgarrador, totalmente personal, profundamente poético, terriblemente melancólico. Alonso se vale de una fotografía sencilla pero hermosa, sin artificios ni trucos, para explotar el paisaje y el paisanaje y volver hacer de su cine una experiencia que tiene entre sus objetivos (y logros) conseguir crear un cierto estado de ánimo que contar una historia concreta. Claro que eso es un riesgo (pues el espectador que no consiga conectar de entrada probablemente no consiga hacerlo ya en los 84 minutos), pero es un riesgo necesario, y Lisandro Alonso lo toma sin contemplaciones. Lo que nos cuenta se resume en la visita de un marinero a su pueblo natal aprovechando que su carguero amarrará en un puerto cercano, para comprobar si su madre sigue viva (sic). Un viaje de silencios, sin prisas, sin pasado y sin futuro (entiéndase, en lo que al espectador concierne). Por que nada sabemos de él antes de comenzar la película, y poco sabemos de él cuando termina. Lisandro no hace, tal vez, una película por encima de sus predecesoras, pero no da lugar tampoco a la decepción, no da, tampoco, menos de lo esperado. Y eso, en el argentino, es suficiente para asegurarse, y con holgura, una película muy por encima del nivel medio de la cosecha de este año.

Menos afortunada, mucho menos, resultaba "A song of good", de Gregory King, presentada dentro de la Sección Oficial pero fuera de concurso. King nos cuenta la inverosímil historia de redención, una suerte de tránsito místico que un joven drogadicto comienza tras violar a una mujer, dueña de la casa en la que estaba robando en busca de dinero para su próxima dosis, y decide cambiar de vida, dejar las drogas, ayudar a su familia y buscar un trabajo. Una cinta tan convencional como fallida, con una serie de conclusiones que nos han contado ya muchas veces (la búsqueda de la redención tras cometer un acto terrible, la realidad de que el pasado siempre te persigue...), y en bastantes de ellas, mejor.

Algo más acertada es "Eldorado", de Bouli Launders, ganador del Premio a la Mejor Película en la edición 2005 del festival con su primer largometraje, "Ultranova". Digámoslo ya: no tuve la ocasión, todavía, de ver su debut, con lo que la siguiente conclusión no se pude entender como una comparación con su anterior film, pero lo cierto es que parece complicado imaginar que pueda repetir tamaño galardón este año. Sin embargo, no se pude negar que sí consigue una divertida road movie protagonizada por un hombre de 46 años (el propio Launders) hastiado de su vida actual, y un joven cocainómano al que "caza" robando en su casa. Un viaje con varios momentos delirantes, surrealistas, y muy divertidos, donde Launders demuestra cierto talento para pasar de comedia a drama. Una cinta original capaz de generar esa risa incómoda del que siente más lástima que empatía por sus personajes y que suponen 85 minutos de puro entretenimiento, aunque no sea de las que, casi seguro, no se mantienen en la cabeza del espectador demasiado tiempo, y tal vez con demasiados altibajos para aspirar volver a hacer algo importante (para un servidor, veremos lo que opina el Jurado), decíamos, en el Palmarés de este año.


Miércoles 26, día 6 en Gijón: "Buscando el equilibrio"

Seguimos en Gijón a medida que nos vamos acercando inevitablemente ya al Sábado, 29, que se clausurará una nueva edición del festival. Casi sin darnos cuenta nos plantamos ya en la semana cumplida de festival, y este séptimo día se presentaba como un día tranquilo (casi como de descanso para una recta final sin descansos, como si de una vuelta ciclista se tratase), con sólo dos estrenos en sección oficial, y sin demasiado que llamase la atención fuera de concurso.

Estreno, eso sí, de la que era una de las películas más esperadas del festival, "El cielo, la tierra y la lluvia", debut en el largometraje del chileno Jose Luis Torres Leiva. Encumbrada por la crítica y colectora de galardones en todos los festivales por los que ha pasado, también, decían, una de las más arriesgadas y personales del año. Y, tal vez por ello, la diversidad de las reacciones encontradas en el pase de prensa de los Cines Centro (algunos asistentes abandonaron la proyección, otros la despidieron sin embargo con tímidos aplausos) no fué excesivamente sorprendente. Por parte del que les habla, ni tanto, ni tan poco, si se me premite el uso de expresión. Torres Leiva nos ofrece una cinta básicamente estética, con fotografía preciosista, que nos intenta transmitir el tedio y la falta total de acontecimientos relevantes de la vida cotidiana de una pequeñísima y aislada isla chilena. Visualmente magnífica, no se puede negar que el hecho de que el tedio se traslade de la pantalla a las butacas existe, y, aún siendo opuesta a la corriente crítica oficial, uno no pudo evitar salir de la sala con la sensación de que acaba de ver un ejercicio de estilo (muy bueno, eso sí) donde el fondo queda excesivamente limitado y entregado a las formas, sin equilibrio suficiente como para hacerla totalmente disfrutable.

Por contra, la americana "Ballast", otro debut, en esta ocasión de Lance Hammer, se presentaba en Gijón sin hacer apenas ruido (pese al premio especial del jurado y el de mejor director recibido en Sundance, y no por casualidad) y sale muy fortalecida del certamen asturiano, tras conseguir seducir a la crítica presente en el certamen (o al menos eso de desprende de la calurosa acogida tras el pase de prensa, pese a ser a las 10 de la mañana) con una historia (moderadamente) optimista en una situación especialmente dura, un canto a la vida que comienza con la muerte (de nuevo aquí una muerte es la desencadenante de la trama, algo que ya se pudo ver en no pocas cintas del festival). La historia de ese tío que decide apoyar a su sobrino y su madre, después de que su padre (del que llevaban alejados ya años) se suicidase, todo ello en un ambiente asfixiante y desolador como es el de Missisipi rural. No hay, aquí, grandes y llamativos efectos con la imagen, no hay tampoco un sonido especialmente depurado, una música excelente, pero sí ese equilibrio que a la anterior le faltaba esta aquí presente a la perfección gracias a la seca (pero muy coherente) mano del director, perfectamente capaz de sacar adelante con verdadera lucidez una historia sólida, bien escrita, sin apenas altibajos, durante 96 minutos de cine puro y duro.

Y nos salimos de la Sección Oficial para darnos un breve paseo por la sección paralela Llendes (Lindes). Y cuando digo breve, quiero decir breve, pues apenas 30 minutos es lo que dura el proyecto en que, con sendos cortos, el Museu del Cinema de Girona reune a 4 directores de esa provincia (entre los que están algunos de los nombres más interesantes del panorama español) para rendir, con "Reflexos de Chaplin", un sentido homenaje al cineasta, que funciona como reflexión de la supervivencia, de los ecos de su cine en la actualidad, manteniéndose lejos del cine documental. Los elegidos son Luis Hereu, Isaki Lacuesta, Albert Serra y Pere Vilà. Y el resultado es interesante, al menos como curiosidad, aunque falto total de nexo común más allá del personaje de Charles Chaplin, en 4 cortometrajes tan correctos como lejanos tanto en su temática, su estilo o sus objetivos (no en vano, el propio Albert Serra decía que hasta ayer aún siquiera había visto los otros tres trabajos).



Jueves 27, día 7 en Gijón: "Brindando con ron"

Entramos ya en los últimos 3 días del festival (2 en realidad de funcionamiento al 100%, pues el día de clausura apenas hay nada más que la propia gala), a falta de 6 cintas por ser presentadas en Sección Oficial. La primera era "Una semana solos", de Celina Murga, que tan buenas impresiones había dejado con su primer largo, "Ana y los otros", y que venía apadrinada en esta ocasión por el mismísimo Martin Scorsese. Era la cuarta película argentina vista en la Sección Oficial tras la decepción de "Salamandra" y las excelentes películas de Lucrecia Martel y de Lisandro Alonso, todas ellas comentadas en anteriores artículos. Desgraciadamente, el resultado de la segunda película de Murga está már cercana al debut de Pablo Agüero que a las dos posteriormente comentadas. A través de la historia de unos niños que se quedan, como su título indican, una semana sin padres en un barrio rico de las afueras de Buenos Aires (que recuerda en mucho al de la mexicana "La Zona"). Una crítica interesante pero rígida, excesivamente alargada y un tanto manida de lo intocable de la burguesía, que resulta incluso demasiado evidente, como da buena muestra el hecho de que llegue a su climax con la utilización como cabeza de turco del único joven procedente de los barrios pobres de la casa (el hermano de la cuidadora, que había ido a pasar unos días).

Mucho más celebrado fue el estreno de la última cinta de una directora bien conocida en el Festival (le dedicó una retrospectiva en 2005), Claire Denis, con su "35 shots of rum". Y quien nos iba a decir, a estas alturas, que Denis sería capaz de sorprendernos de esta manera. Pero es que "35 shots of rum" es, en efecto, una película que rompe por completo con lo anteriormente ofrecido por la realizadora francesa, una de esas cintas de las que no es muy facil hablar pero que resulta un placer ver. Denis toma cercanía con sus personajes, lo hace todo más sencillo, y todo rueda de maravillosamente, con facilidad y un par de escenas mágicas (no fuimos pocos los que, a la salida del pase de prensa, coincidimos en destacar la escena en la que el coche se avería de camino a un concierto (y termina convirtiéndose en una familiar fiesta en un bar cercano) como una de las mejores que nos ha brindado el festival hasta el momento (y teniendo en cuenta que nos queda apenas un día, podríamos ya quitar la coletilla). Consigue ser un film sensible, poético, bello, sin parecer intentarlo siquiera (incluso los Tindersticks de su banda sonora parecen ser liberados de cierto dramatismo habitual), con situaciones cotidianas y sin (como decíamos del último film de Alonso) grandes acontecimientos por el camino.

Y para terminar el día, llegaba la última cinta de Hannes Stöhr, "Berling Calling", que se presentaba en la Sección Oficial pero fuera de concurso al ser su director miembro del Jurado Internacional. Y la última película del director de "Berlin is in Germany" y "One day in Europe" (lamentablemente traducida en España como "Galatasaray-Depor"), no es otra cosa que un biopic de DJ Ikarus (aunque en realidad, debo reconocer de entrada mi incultura en este ámbito, desconozco si existe en realidad o es un simple personaje), un conocido miembro de la noche berlinesa que acaba en un centro de desintoxicación y salud mental tras una noche abusando de las drogas. Una suerte de "sexo, drogas y techno" que supone un producto menor dentro de la sección oficial del festival pero muy disfrutable si aceptamos de entrada sus limitaciones. Entretenida, delirante en ocasiones, y con una habil utilización del proceso de creación del nuevo album de Ikarus, reconvertido en banda sonora de la propia película, lo cierto es, como decían ciertos miembros de la prensa -y el propio público- ayer, que "Berling Calling" es una película que probablemente nunca habría sido estrenada en Gijón si su director no fuese miembro del jurado, pero no es menos cierto que no es, en absoluto, la peor película que hemos visto en la sección oficial del festival, muy por encima de algunas otras, verdaderos subproductos de escaso interés, que sí entrarán en concurso y optarán a aparecer en el palmarés que mañana dará a conocer el jurado.

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