Entrevista al equipo del largometraje "Embrión"
Cristian Planas 1 October 2008
Entrevista con Gonzalo López (director y guionista), Javier Rueda (productor y director de fotografía), Sergio Bernal (protagonista en el papel de "Carlos") y Mariona Tena (protagonista en el papel de "Jenny")
Entrevistador:
Para empezar: me gustaría saber cómo fue el
proceso de creación. Hay algo muy interesante en Embrión, y es que se
trata de algo que empezó como un remake. Me gustaría saber cómo
evolucionó la película, el guión particularmente, para empezar con un
remake de una película que es más bien escatológica, para acabar en una
otra que es básicamente política.
Gonzalo:
En la primera
versión del guión que hice, llegué hasta las nueve primeras páginas y
era un remake puro; adaptado a nuestra época pero seguía la misma
estructura que la película original de Wakamatsu. Llegué hasta el
principio de la película, pero en un momento me paré a leerlo, aquello
de "vamos a ver lo que estamos haciendo" y me pareció que era una
basura, no me gustaba nada, era bazofia. Entonces hice una cosa que
habitualmente no suelo hacer, porque si paro algo no lo vuelvo a
retomar, pero lo paré y volví a empezar otra vez desde cero. Sólo
cogiendo lo que me interesaba, desarrollé la historia a mi aire y al
final salió muy diferente de la original. La hice política porque a mí
me interesa mucho el cine de Wakamatsu, y tiene películas políticamente
más explícitas: él era del Partido Comunista Japonés y Embrión, la
original, creo que tiene un mensaje político bastante fuerte. Un
mensaje más metafórico, muy críptico, no es una película nada sencilla,
es de las menos sencillas de Wakamatsu, y eso me dio la inspiración
para hacer la mía mucho más explícita, además de por la influencia que
tenía del cine italiano de los años 60, que creo que es bastante obvia
en la película.
Entrevistador:
También es muy diferente
estéticamente. Por ejemplo, en Embrión hay muchos planos-secuencia,
creo que en toda la película sólo hay un plano fijo; en cambio la de
Wakamatsu es más bien de plano fijo. Es más estética.
Gonzalo:
Sí, es más estética pero también porque tenía un piso incluso más
pequeño que el nuestro, y además había otra diferencia en que el rodaba
en 2:35 y la fotografía la tenía toda iluminada para todos los juegos
que hace con las sombras y las luces. De todas formas, mi estilo de
cine no es el de cámara fija: no es mi estilo natural; nunca lo ha
sido, desde que tengo conciencia de director, desde pequeño, nunca lo
ha sido. Me pareció, en un principio, que los planos-secuencia iban a
ser una manera de ahorrar tiempo, aunque luego se demostró que no, fue
más complicado que si hubiésemos rodado con una narración más
convencional. También por motivos estéticos: me gusta la cámara en
movimiento, y quería trabajarlo. Además, porque le daba un toque, desde
el principio de la película, un poco crepuscular, del crepúsculo del
personaje principal.
Entrevistador:
Ahora una pregunta
para los dos (director y director de fotografía) referente a la
fotografía. Buena parte de la estética de Embrión está dominada por el
piso. Hasta qué punto es consciente lo que hacéis con el piso, es
decir: es un piso pequeño, extremadamente blanco, está vacío... Hasta
qué es eso consciente?
Gonzalo:
Totalmente consciente. El
piso, que nos lo prestó nuestro amigo Félix, estaba lleno de cosas. Era
el piso de un chico normal, además soltero, estaba totalmente
desordenado... Lo que hice yo, además, lo hablé con Javi, y a él le
gustaba mucho la idea, lo vaciamos totalmente, para remarcar que el
personaje de Carlos vivía en un mundo sólo de sus ideas. No tenía vida
personal fuera de ese mundo, y de ahí venía su alienación, que para mí
es el gran tema de la película: la alienación de la que hablaba Marx.
Un mundo muy aséptico de blancos y negros: ese es el mundo en el que
está Carlos.
Entrevistador
: La fotografía también tiene
un componente que la hace cada vez más siniestra. Siniestra en el
sentido en el que algo extremadamente blanco puede ser siniestro, como
por ejemplo, un hospital. Tú juegas con eso en la fotografía?
Javier:
La verdad es que cuando Gonzalo me comentó la idea de que todo fuera
blanco, lo que intuí en su idea es que el blanco puede ser igual de
opresivo que la sombra, y además le das un componente de
desorientación. Es una película en la que no hay una noción del tiempo,
no hay una noción siquiera del espacio. Si coges un plano cerrado del
comedor y uno de la habitación desordenados, no sabrías distinguir si
estás en el comedor o en la habitación por la fotografía. La repetición
del blanco hace que no tengas agarraderas cuando estás viendo la
película. Te centras más en los diálogos y además refleja muy bien el
espacio donde están ellos: es un espacio más mental que físico.
Entrevistador:
En todo momento tuve la sensación de que era una película muy
abstracta. Por ejemplo, los propios personajes son más arquetípicos que
los de Wakamatsu: el personaje de ella es la mujer ambiciosa, y el de
él también es arquetípico: es el marxista-leninista, podriamos decir.
Buscabas en la película una metáfora de la realidad, como una fábula?
Gonzalo:
Bueno, no como una fábula, aunque la idea de la fábula me gusta. Pero
sí eran arquetipos. Quizás el personaje de ella, Jenny, es un personaje
más común, es una chica normal, no tiene otros matices. Los matices se
van desarrollando a través de lo que ella aprende de Carlos. El de
Carlos sí que lo encuentro menos arquetípico: tiene cosas muy
concretas; toda la parte de marxismo freudiano, de la alienación
provocada por el sexo. Esa parte es muy concreta. Me gustó mucho que
eso se estableciera en el personaje.
Entrevistador:
El tema
freudiano también está sugerido en la de Wakamatsu. Es curioso, porque
haces lo mismo, pero de una manera muy distinta. En tu película en
ningún momento se invoca a la madre, pero aún así ambas tienen un
marxismo muy freudiano.
Entrevistador:
A ambos actores.
Cuando os disteis cuenta de lo que era Embrión? De que era una película
muy política y bastante diferente de lo que suele ser el cine español.
Mariona:
En el momento de recibir el guión ya lo vi. Es una película muy
distinta, muy particular, muy concreta. A medida que uno se va
introduciendo en el guión ya va viendo que el personaje de Carlos tiene
unas ideas políticas muy fijas, muy concretas, comunistas, y que ella
entra dentro del sistema de lo que es el consumismo, de la economía del
bienestar, y que se mueve por objetivos económicos. Ahí está el punto
de encuentro entre ambos, que también es una lucha, porque ella viene
de un lugar y él viene de otro. Es un intercambio de puntos de vista y
se van complementando y enriqueciendo el uno al otro.
Sergio:
Para mí, como ya ha dicho Mariona, estaba en el guión. Lo leí por
primera vez y lo tuve que ver otra vez, porque ya me veía. Para un
actor, el guión te da muchas posibilidades por los registros que tiene.
Habla de cosas tanto políticas, sexuales, sobre la soledad, la
marginación... Eso a un actor le enriquece muchísimo. A medida de que
fuimos ensayando, y en el rodaje y todo...
Mariona:
Claro,
vas encontrando más cosas. En una primera lectura tienes unas ideas y
luego vas concretando y encontrando cosas por el camino. Además de lo
que te da el compañero, eso también es importante. Formas un equipo con
el director y tu compañero de rodaje y vas enriqueciendo la idea
inicial de tus primeras lecturas.
Sergio:
A medida de que lo
lees, luego lo interpretas y encuentras el triple de matices, de
frases... En el tema político, el comunismo está presente desde el
principio prácticamente, así que se entiende.
Entrevistador:
Cómo ha sido la convivencia entre los dos? Los personajes juegan continuamente al gato y al ratón...
Mariona:
Hay una lucha de poder...
Sergio:
El quiero y no puedo... La felicidad de Carlos. La tiene de la manera
que la tiene, pero él es feliz, en ese momento, porque él quiere
mostrarle el mundo en el que él vive. Es eso el motor de sus acciones,
aunque al final se le va un poco de las manos. Es un esfuerzo para
decir "La vida que te estoy mostrando es mejor que la tuya", todo por
la fidelidad que tiene a sus ideas.
Entrevistador:
Ahora una pregunta para Sergio. Tu personaje es un marxista convencido.
La interpretación tiene una gran dificultad porque hay unos diálogos,
casi monólogos, con mucha carga ideológica, muy concretos. Cómo te
preparaste para esto?
Sergio:
Después de la lectura del
guión, en el ensayo, hablando con Gonzalo... También tuvimos la
"famosa" escena 7, que repetimos unas cuantas veces. Y es ahí el punto
en el que, de la primera toma a la 31, encuentras muchísimas cosas. La
suerte que tuve fue poder repetirla tantas veces y entonces una de dos,
o la quemas, o le sacas cosas. En este caso, ocurrió que desde el día
en que nos propusimos rodar esta escena, hasta que la rodamos, pasaron
dos semanas. Y es en el margen de tiempo de esas dos semanas tú puedes
pensar, puedes recapacitar... A medida de que vas desarrollando cosas,
es ahí cuando te das cuenta de todo el peso que tiene.
Entrevistador:
Una pregunta tanto para el director como para Sergio. El personaje de
Carlos está hecho con cierto afán pedagógico, como una forma de
explicarse ante el espectador, como por ejemplo la que se utiliza en La
chinoise de Godard, donde los personajes miran a cámara y leen el Libro
Rojo de Mao, era eso lo que se buscaba con el personaje? Dejando aparte
el conflicto con Mariona.
Gonzalo:
Sí, sí. Y ahí fue
precisamente Godard el que me dio la clave a la hora de hacer unos
discursos tan didácticos, al principio tenía un poco de miedo de
hacerlos demasiado explicativos, pero me dije que tenía que ser así.
Fue precisamente Godard el que tuvo el valor de hacerlo. En cuanto al
fin pedagógico, aunque no soy muy partidario de ese tipo de cine,
incluso del último cine de Rossellini, como El Mesías o Año Uno, no soy
muy partidario del cine didático, pero creo que ahora es necesario ese
tipo de cine. Creo que el público tiene que ser educado sobre ciertas
ideas, y sobre un tipo y una manera de ver el cine. Lo que hice para
que no fuera como el último cine de Rossellini, que era todo planos
fijos, era un cine muy pensado en la escuela, para educar a jóvenes, lo
que hice fue coger todas estas ideas y ponerlas en un envoltorio de
género, dándole un poco de thriller, del drama puro... Lo envolví con
esto y también con la estética de la película. Como es tan llamativa y
mezcla tantas ideas y corrientes de cine, gracias al discurso didáctico
entra mucho mejor al público.
Entrevistador:
Pero hay
un problema añadido en Embrión que no está en La chinoise, por ejemplo.
Y es que cuando Godard quiere hacer un discurso, hace que el personaje
mire a cámara, rompiendo la ilusión del cine. En cambio en Embrión no
es así. Eso hasta qué punto es un problema, porque aún siendo una
película didáctica, el hecho de no romper la cuarta pared, de que no
haya un contacto director con el espectador hasta qué punto de parece
un problema?
Gonzalo:
Depende del tipo de película. En
Godard concretamente, hay películas como La chinoise en las que podía
romper la cuarta pared, pero todavía estaba pendiente del espectador,
quería que encontrase esas ideas. Pero luego ya en el grupo Dziga
Vertov es mucho más duro, el espectador, aunque esté allí, no le
importa. Yo creo que es mucho más interesante meter estas ideas dentro
de un envoltorio de género, porque creo que es más accesible y la gente
estará mucho más pendiente de la historia. Si yo metiera directamente
un discurso leninista, cogiendo un libro de Lenin y recitando, puede
ser muy denso. Y una persona, por ejemplo, que viene a ver la película
después de una jornada de ocho horas, esa persona que sufre en sus
carnes lo que sufre Carlos, si yo le pongo un discurso de Lenin se va a
dormir seguramente; si le pongo una historia de amor, o con cierto
suspense seguramente va a estar más atento a lo que dice ese personaje.
Yo creo que es mucho más interesante meter el discurso dentro del
género. Como hacían los grandes clásicos, aunque no hablaran de cosas
en concreto, pero... Ford, aunque no fuera tan discursivo, siempre está
dentro del género.
Entrevistador:
Al introducir el discurso en el género hay una cuestión importante...
Gonzalo:
Bueno, el propio Godard lo introdujo dentro del género en algunas de sus películas.
Entrevistador:
El problema que comentaba era dejar el discurso en una mera anécdota.
Que el politicismo de la película sea visto como una mera anécdota.
Gonzalo:
Sí, claro, ese es un riesgo, que en Embrión creo que no pasa. Creo que
está bien calculada la suma de las partes. Pero sí, es un peligro y ahí
es donde entra la labor del director, más que del guionista. El
director debe tener la capacidad de encontrar un equilibrio entre ambas
cosas. Yo creo que así es más difícil y mucho más estimulante como
narrador. Por ejemplo, el cine de Bertolucci siempre ha sido
discursivo, completamente marxista. Y siempre ha estado incluido en
género, pero su mensaje nunca ha quedado en la mera anécdota.
Entrevistador:
Ahora una pregunta sobre el personaje de Jenny. Tu personaje se
presenta como una persona normal; pero a la vez también se la presenta
como una persona corrupta dentro de un sistema corrupto, algo así como
una "trepa". Hasta qué punto ves a Jenny como una persona normal, una
víctima del sistema, o alguien corrupto que era consciente de lo que
hacía?
Mariona:
Para ella lo más importante es conseguir los
objetivos que tiene marcados en su vida. Ir progresando dentro de su
empresa, ganar dinero... Creo que una persona cuando se mueve por sus
intereses no es cien por cien consciente. Es decir, sí, pero la
moralidad queda a un lado. Para ella lo más importante es estar bien
considerada y ella no ve sus actos como algo inmoral. De ahí viene el
choque con Carlos. Porque Carlos cuestiona su moral, diciéndole que su
manera de ser no funciona en este mundo, que cambie su manera de
pensar. Yo creo que ahí está el desencuentro de intereses. Ella tiene
muy claro como es, pero deja la moralidad de lado. Ella no se ve como
una "trepa".
Entrevistador:
Pero hasta qué punto la ves como un producto del sistema puro o un participante consciente en él?
Mariona:
Ella entra dentro del sistema. Yo creo que cuando uno decide entrar
dentro del sistema también eso le crea conflictos internos. No es
precisamente la mujer más feliz del mundo, porque cuando uno toma una
decisión así, entrar dentro de este juego, también te sientes culpable.
Ella también tiene un sentimiento de soledad brutal, no encuentra el
amor... Tiene cierto sentimiento de culpa, que aunque no es plenamente
consciente, está dentro de ella, latente. Volviendo a Freud, creo que
es un personaje que necesitaría psiconalizarse. Está tocada por todo lo
que ha decidido hacer en su vida, pero no es capaz de cambiar, y con
Carlos, cambia en cierto modo: él le enseña algo, que ella en su vida
se ha planteado, pero es lo que hace que cambie su manera de ver el
mundo.
Entrevistador:
Una pregunta para Gonzalo sobre
el personaje de Jenny. Cómo le ves? Cómo un personaje devorado por el
sistema o cómo alguien que hace su elección dentro de ese sistema?
Gonzalo:
Creo que es un producto del sistema que luego, gracias a Carlos es
consciente de lo que es. Hay una frase que el propio Carlos le dice:
"No eres tonta, eres lista, y puedes aprender algo". Eso creo que es
bastante explícito: Jenny creo que es una chica con bastante
inteligencia, pero que es una conformista. Ella en algún momento puede
haber sido consciente, pero ya está bien como está y no tiene por qué
luchar, porque es mucho más fácil seguir la corriente que hacer como
Carlos, que la suya es una resistencia radical. Seguir luchando para
Jenny no tiene mucho sentido: es mucho mejor estar dentro; y Carlos le
hace ser consciente de que, quizás, en la lucha haya más vida.
Entrevistador:
Antes te lo comentaba: tanto en tu película como la de Wakamatsu hay
cierta misoginia. Pero me parece particularmente claro en la tuya.
Especialmente porque, por una parte, el personaje de Carlos no es un
psicópata como podría ser el de Wakamatsu, y por otra parte, porque el
personaje de Jenny es menos neutro que el de Wakamatsu: en vez de ser
meramente consumida por un acontecimiento, es partícipe en él. Cómo lo
enfocaste?
Gonzalo:
No me lo planteé, la verdad, aunque creo
que tienes razón. Con la situación que se plantea, de secuestro, con
los maltratos... aunque Carlos no sea un maltratador como los que
están, por desgracia, tan de moda en la televisión, sino una persona
que utiliza la violencia para imponer sus ideas, como un
revolucionario. Eso también es una metáfora de la revolución. No me lo
planteé porque hubiera sido tirar para atrás; no me planteé si en las
partes más morales de la película, o en el final, me podrían critica
Cristian Planas

